Los de abajo tienen quien los cuide allá arriba.
En un cielo de almas inmensas, cuatro figuras conversan como viejos conocidos: el Papa Francisco, humilde hasta en la eternidad; Gardel, con su sonrisa intacta y un tango a flor de piel; Perón, estratega del pueblo, observando el mundo con gesto firme; y el Padre Mujica, testigo de los barrios olvidados, de los que aún sufren abajo. No hay protocolo, sólo mate compartido y silencios que dicen más que mil discursos. Francisco los escucha a todos; Gardel bromea con Mujica sobre que “cada día canta mejor”, y Perón reflexiona sobre lo que aún falta por hacer. Entre risas, penas y esperanzas, comparten la certeza de que luchar por los últimos nunca pasa de moda. No hay estatuas ni homenajes, sólo la eternidad y una causa que sigue viva en cada gesto de justicia. Ese cielo no es un premio: es un reencuentro de quienes eligieron amar con los pies en la tierra.


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