12 de agosto de 1948
“LA CÁPSULA DEL TIEMPO”
El 12 de Agosto de 1948, en un marco social mundial de posguerra, el Presidente Juan Domingo Perón, deposita una “Cápsula del Tiempo” con un mensaje para los jóvenes del 2000. Una columna de estudiantes transportó un cofre muy parecido a una urna funeraria, en cuyo interior estaba guardado -dentro de un tubo de aluminio- un mensaje manuscrito de Perón.
Casi ocho años más tarde el manuscrito de Perón “A la Juventud del Año 2000” fue destruido tras el golpe de estado de 1955 de la autodenominada “Revolución Libertadora”.
En el 2006 el ex Embajador Julián Licastro relataba: “Por suerte, el general había guardado una copia y la resistencia peronista también. Igual, Perón publicó el texto de la carta a los jóvenes del 2000 en su libro La Hora de los Pueblos, editado en 1968”.
En el año 2000 la Legislatura Porteña colocó en Plaza de Mayo una placa recordatoria en el sitio que ocupara la cápsula del tiempo, a 20 m. del monumento al General Manuel Belgrano en dirección al Cabildo de Buenos Aires.
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EL MENSAJE DE LA CÁPSULA DEL TIEMPO
La juventud argentina del año 2000 querrá volver sus ojos hacia el pasado y exigir a la historia una rendición de cuentas encaminada a enjuiciar el uso que los gobernantes de todos los tiempos han hecho del sagrado depósito que en sus manos fueron poniendo las generaciones precedentes, y también si sus actos y sus doctrinas fueron suficientes para llevar el bienestar a sus pueblos y para conseguir la paz entre las naciones.
Por desgracia para nosotros, ese balance no nos ha sido favorable. Anticipémonos a él para que conste, al menos, nuestra buena fe y confesemos lealmente que ni los rectores de los pueblos ni las masas regidas, han sabido lograr el camino de la felicidad individual y colectiva.
En el transcurso de los siglos hemos progresado de manera gigantesca en el orden material y científico, y si cada día se avanza en la limitación del dolor, es solamente en su aspecto físico, porque en el moral, el camino recorrido ha sido pequeño.
El egoísmo ha regido muchas veces los actos de gobierno y no es el amor al prójimo, ni siquiera la compasión o la tolerancia, lo que mueve las determinaciones humanas.
Esa acusación resulta aplicable tanto a los pueblos como a los individuos. Cierto que en uno y en otros se dan ejemplos de altruismo, pero como hechos aislados de poca o ninguna influencia en la marcha de la humanidad. Es cierto que en ocasiones parece que se ha dado un gran impulso en favor de los nobles ideales y de las causas justas, pero la realidad nos llama a sí y nos hace ver que todo era una ilusión. Apenas terminada la guerra, ponemos nuestra esperanza en que ha de ser la última porque las diferencias entre las naciones se han de resolver por las vías del derecho aplicado por los organismos internacionales. Pocos años bastan para demostrarnos con un conflicto bélico de mayores proporciones el tremendo error en que habíamos caído. Hasta el aspecto caballeresco de las batallas se ha perdido y hoy vemos con el corazón empedernido cómo al cabo de veinte siglos de civilización cristiana, caen en la lucha niños, mujeres y ancianos.
Apenas un conflicto social ha sido resuelto vemos asomar otro, de más grandes proporciones, no siempre solucionado por las vías de la inteligencia y de la armonía sino por la coacción estatal o de las propias partes contendientes más fuertes, no el del mejor derecho.
Frente a esta lamentable realidad: ¿de qué han servido las doctrinas políticas, las teorías económicas y las elucubraciones sociales? Ni las democracias ni las tiranías, ni los empirismos antiguos ni los conceptos modernos han sido suficientes para aquietar las pasiones o para coordinar los anhelos. La libertad misma queda limitada a una hermosa palabra, de muy escaso contenido, pues cada cual la entiende y la aplica en su propio beneficio. El capitalismo se vale de ella no para elevar la condición de los trabajadores procurando su bienestar, sino para deprimirles y explotarles. Los poseedores de la riqueza no quieren compartirla con los desposeídos sino aceptarla y monopolizarla. E inversamente, los falsos apóstoles del proletariado quieren la libertad más para usarla como un arma en la lucha de clases que para obtener lo que sus reivindicaciones tengan de justas.
No ha empezado a alborar el liberalismo económico cuando -para impedir sus aplausos- tiene el Estado que iniciar una intervención cada vez más intensa a fin de evitar el daño entre las partes y el daño a la colectividad. Pero tampoco su intervencionismo constituye un remedio eficaz porque, o es partidista, o busca anular las libertades individuales y con ellas a la propia persona humana.
El mundo ha fracasado. Mas este fracaso, ¿será tan absoluto que no deje un mínimo resquicio a la esperanza? Posiblemente podamos mantener el optimismo con la ilusión de que el avance de la humanidad hacia su bienestar es tan lento que no lo percibimos, pero de cada evolución queda una partícula aprovechable para el mejor desarrollo de la humanidad. El avance es invisible y está oculto por sus propios vicios a que antes he aludido, pero no por eso deja de existir.
Se haría más perceptible si cada uno de nosotros se despojase de algo propio en beneficio de sus semejantes, si tratase de dirigir las disputas con la razón y no con la violencia. Dentro de mis posibilidades así he procurado hacerlo y, en este sentido, he orientado mi labor de gobernante.
Válgame por lo menos la intención y sea ella la que juzguen y valoren mis críticos del porvenir.
La humanidad debe comprender que hay que formar una juventud inspirada en otros sentimientos, que sea capaz de realizar lo que nosotros no hemos sido capaces. Ésa es la verdad más grande que en estos tiempos debemos sustentar sin egoísmos, porque éstos nos han conducido solamente a desastres.
En nuestra querida Argentina, el panorama descripto se ha sentido sin ser cruento, pero en el orden general, los hechos prueban que ha sido el acierto la resolución que ha precedido nuestra realidad. La independencia política que heredamos de nuestros mayores hasta nuestros días, no había sido colectivizada por la independencia económica que permitiera decir con verdad que constituíamos una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
Por eso nosotros hemos luchado sin descanso para imponer la justicia social que suprimiera la miseria en medio de la abundancia; por eso hemos declarado y realizado la independencia económica que nos permitiera reconquistar lo perdido y crear una Argentina para los argentinos, y por eso nosotros vivimos velando porque la soberanía de la Patria sea inviolable o inviolada mientras haya un argentino que pueda oponer su pecho al avance de toda prepotencia extranjera, destinada a menguar el derecho que cada argentino tiene de decidir por sí dentro de las fronteras de su tierra.
Contra un mundo que ha fracasado, dejamos una doctrina justa y un programa de acción para ser cumplido por nuestra juventud: ésa será su responsabilidad ante la Historia.
¡Quiera Dios que ese juicio les sea favorable y que al leer este mensaje de un humilde argentino, que amó mucho a su Patria y trató de servirla honradamente, podáis -hermanos del 2000 lanzar vuestra mirada sobre la Gran Argentina que soñamos, por la cual vivimos, luchamos y sufrimos!
JUAN DOMINGO PERÓN
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El 12 de Agosto de 2006, cuando se cumplió el bicentenario de la Reconquista, un grupo de peronistas realizó un acto, en el cual removió la placa y depositó una copia del texto de Juan Domingo Perón que se había conservado. Aparte del texto solo se conservaban unas imágenes del acto de 1948 de Sucesos Argentinos.
Perón pretendía que el texto fuera su legado a la juventud futura. A pesar del intento de aquellos golpistas del 55, de acallar las voces, de suprimir la memoria, de pretender borrar todo lo que hiciese mención al peronismo, "La Cápsula del Tiempo" con su valioso mensaje a los jóvenes del 2000 se conservó y ese mensaje es conocido por todos y todas.
Se refería a la juventud que tendría entre 18 y 25 años en el 2000, aproximadamente.
ESTO DE LA #CAPSULA DEL #TIEMPO, ME LO CONTABA MI PAPÁ,
El texto de la cápsula del tiempo, enterrado en 1948, estaba dirigido a los jóvenes que vivirían en esa época, en el año 2000, y a quienes les pedía que tomaran la posta de la reconstrucción de un país mejor, inspirados en otros sentimientos. y mi pregunta ¿quienes son estos jóvenes, hoy, que en el 2000 tenian entre 18 y 25 años? La Juventud por la que El Gral puso toda su esperanza SON LOS Los nietos y nietas de los desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar argentina (1976-1983) tendrían hoy entre aproximadamente 40 y 49 años.
Estas personas nacieron entre 1976 y 1983, ya sea antes del secuestro de sus padres o durante la detención ilegal de sus madres en centros clandestinos de detención. ¿ENTENDES AHORA PORQUE DEBES ABRIR LOS LIBROS DE HISTORIA?
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