martes, 22 de abril de 2025

MALVINAS, FRANCISCO Y LA REBELIÓN DEL SUR


 MALVINAS, FRANCISCO Y LA REBELIÓN DEL SUR


A Jorge Mario Bergoglio no se lo comprende desde Europa, ni desde los salones alfombrados del Vaticano, ni desde las universidades progresistas que aún veneran a Voltaire. Se lo comprende desde abajo, desde el barro de América Hispana, desde los suburbios del alma donde habitan los pueblos invisibles del Sur global. Su llegada al trono de Pedro fue vivida por muchos europeos como una anomalía, casi una profanación. Un Papa mestizo, peronista, villero, argentino. Una herejía frente al orden eclesiástico establecido por siglos de blanquitud y centralismo.

Francisco es lo que Maradona fue para el fútbol europeo: una irrupción irreverente del espíritu plebeyo en la aristocracia del mundo. Un acto de desobediencia simbólica. Cuando Maradona alzó la copa con el Napoli en Italia, humilló a los señores del norte desde el talento y la pasión del sur. Francisco hizo lo mismo con su sola presencia: puso al mundo a mirar hacia abajo, hacia América Hispana, hacia esa periferia que guarda, en silencio, los últimos fuegos de la civilización occidental.

Pero Europa no lo entendió. No quiso. Las élites lo recibieron con la cortesía helada que se le reserva al sirviente que sube las escaleras del poder. Para ellas, Francisco fue -y seguirá siendo- un intruso. Hablaba demasiado de los pobres, nombraba a Cristo sin culpa, no temía besar a un africano ni abrazar al padre del niño sirio Alan Kurdi, el chiquillo ahogado en el Mediterráneo. Y lo peor: no les rendía pleitesía. Su teología tiene hedor a pueblo. Es barro y pan compartido.

Sus compatriotas no lo comprenden aún. Tal vez sí lo hicieron Donald Trump, Vladimir Putin y hasta el mismo Xi Jinping, incluso muchos de los dirigentes africanos, como el capitán Ibrahim Traoré, que vieron en él un símbolo geopolítico del cambio de era. Pero la Europa envejecida, tecnocrática, poscristiana, no soporta que el Tercer Mundo reclame el centro de la historia.

Lo mismo ocurrió con Malvinas. En 1982, la Nación argentina cometió un pecado imperdonable: se levantó con dignidad. Enfrentó a una potencia nuclear, hundió sus buques, desafió su arrogancia secular. Fue un gesto de soberanía, no de un gobierno, sino de un pueblo. Sin embargo, la intelligentsia argentina -esa mezcla de cipayos ilustrados, progresistas de Palermo y liberales de Recoleta- lo leyó como una “derrota”. Porque el verdadero delito, para ellos, no es perder: es haber tenido el coraje de luchar.

Progresismo sin pueblo y derecha sin Patria: dos formas de colonización mental. Dos rostros del mismo rechazo al alma del pueblo. Ambos hubieran preferido un Papa inglés o francés y una rendición claudicante, antes que un Francisco tercermundista o un pueblo que se atreva a alzar la cabeza. La Patria les resulta incómoda. La humildad con dignidad, insoportable.

Francisco es símbolo y centinela de un nuevo tiempo: el tiempo del sur. No el sur como victimismo, sino como propuesta. Como reserva espiritual de Occidente. Como potencia civilizatoria que aún cree en Dios, en el pan, en la justicia y en el abrazo.

Ese es el verdadero conflicto. No es teológico ni militar. Es simbólico. Es una batalla por el sentido. El Sur no quiere destruir al Norte. Quiere que el mundo recupere su centro en la humanidad. Y en eso trabajaba Francisco, como lo hicieron Artigas, San Martín, Rosas, Perón y tantos otros. No para imponer una ideología, sino para redimir una memoria.

Es hora de entender que no fue un Papa el que llegó a Roma. Fue América Hispana la que entró al Vaticano. Y con ella, una esperanza de redención que Europa, en crisis antropológica, envejecida y asustada, no sabe cómo nombrar.

Luis Gotte
La trinchera bonaerense 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

COMO ORGANIZA UNA MENTE DIVERGENTE

  A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL HOLA AMIGO, COMO ANDAS ? COMO ORGANIZA UNA MENTE #DIVERGENTE , TE CUENTO LO QUE SE ME OCURRIO. IBA A I...