Corría el año 2014 y Francisco ya era Papa. En Roma se organizaba un partido especial por la Paz, convocado por él. Quería unir a figuras del deporte mundial para mandar un mensaje al mundo.
Y entre los convocados estaba Diego Armando Maradona. Muchos se sorprendieron. Había tenido diferencias con la Iglesia, incluso críticas durísimas. Pero aceptó.
Cuando Diego llegó al Vaticano y lo vio a Francisco, se fundieron en un abrazo que duró más de lo esperado. Maradona, con los ojos brillosos, le dijo:
"Con vos, la Iglesia cambió. Me devolviste la fe."
El Papa lo miró, sonrió, y le dijo bajito:
"Gracias, Diego. Vos también tenés una misión, nunca lo olvides."
Fue la primera vez que se encontraron como Papa y futbolista, pero no la última. En 2016 volvieron a reunirse. Francisco siempre lo trató con cariño. Sabía que detrás del mito, había un hombre que también sufría.
Cuando Diego murió, Francisco pidió que lo recordaran por todo el bien que había hecho. Y lo encomendó a Dios.

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