una no sobrevive sin la otra.
a los manipuladores mediocres y mal agradecidos.
Mi soledad y yo nos entendemos,
nos respetamos y nos acompañamos,
no nos traicionamos, nos damos espacio
tiempo y todo lo que necesitamos.
Mi dignidad no tiene precio,
aunque intentaron ponérselo.
Soy consciente de mis movimientos
y no me muevo si no es conveniente.
No vale la pena perder la soledad y la dignidad.
Lo único que vale la pena perder
son las personas que no saben respetar ambas
y por ende a ellas mismas y a los demás.
Hay personas que llegan a nuestra vida para
desbaratarlas,
cuando se les cae la máscara,
más vale perderlas que encontrarlas.

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