Nuestra seguridad no está en nosotros mismos, sino en Dios. No importa cuán fuertes seamos, el azar puede derrotarnos. Ni siquiera la inteligencia o la riqueza nos salvarán. Confiemos en Dios, quien nos ofrece seguridad y protección.
Oh Señor, me has ofrecido un intercambio maravilloso. Reconozco que Tu eres mucho más capaz que yo. Por eso, te entrego todas mis cargas y recibo toda la paz y la alegría que Tú me ofreces. ¡Amén!

No hay comentarios:
Publicar un comentario